La degradación del hábitat de vida silvestre, el deterioro de la calidad del agua debido al aumento de sedimentos y contaminación con nutrientes y la destrucción de los bosques de galería o riparios son algunos de los impactos ambientales sufridos en algunas de las Áreas Naturales Protegidas (ANP) afectadas por las intensas lluvias del pasado 7 de noviembre. Así lo expuso el gerente de Áreas Naturales Protegidas del Servicio Nacional de Estudios Territoriales (SNET), Walter Rojas, en el marco de la presentación del informe del impacto ambiental del huracán Ida en el territorio salvadoreño realizado por el Ministerio del Medio Ambiente.
Además, el técnico mencionó la formación de cárcavas y deterioro de barreras naturales y la alteración de la estructura y composición de los bosques salados.
De las 34 ANP existentes en el país, un total de nueve ha sufrido las repercusiones del desastre. Éstas son La Joya, Escuintla y El Astillero, la laguna El Jocotal, Colima, Santa Bárbara, el ecosistema prioritario de río Grande de Tilapa y Soyate, el estero de Jatepeque, el Lago de Ilopango y el río Jiboa.
El daño más grande, dijo Rojas, se produjo en el ANP La Joya, en San Vicente, donde el río Acahuapa modificó su curso e ingresó directamente al área natural.
“Eso hizo un cambio en el cauce sirviendo hasta cierto punto como una barrera de contención. Se habían hecho previendo inundaciones en el área una serie de espigones o gaviones para, en un determinado momento, si ocurrían inundaciones, poder proteger a las comunidades aledañas al Área Natural Protegida. Rompió el espigón, pero lograr desviarse dentro del área y por eso quedó afectada”, argumentó el especialista.
Rojas aseguró que la cárcava del Complejo del Volcán de San Salvador no se ha agrandado. Sin embargo, las zonas protegidas costeras, los ecosistemas de bosques salados o manglares afectados por el desbordamiento de los ríos Jiboa y Acahuapa, sí están afectados.
“Esto puede repercutir en una pérdida de alimentación por el azolvamiento, porque ellos dependen del flujo de las marea de agua salada y la alimentación de agua dulce, pero al tener más sedimentos, afecta su desarrollo, y por ende, podría afectar puntualmente algunos aspectos de las pesquerías, sobre todo en la extracción de algunos moluscos, crustáceos y peces”, aclaró el experto del SNET.
A los deltas de los ríos Jiboa y Acahuapa han ido a parar grandes volúmenes de material desprendido por los deslaves. Los cuatro flujos principales de deslave suman 1,160,000 metros cúbicos de escombros. El material fino (arenas, limos y gravas) aportarán sedimentos en estos deltas en las próximas estaciones lluviosas.
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