Llevo a la madre tierra entre mis brazos, llevo un puñado de dolor, llevo toda esa contaminación maldita que el hombre me dejó. Llevo a la madre tierra herida con una grieta que se la abre y sangra. Llevo en mis manos sus aguas sin vida, llevo en mà el canto del viento susurrando tristeza, llevo sus flores secas de dolor provocado por aqlgunos ingenuos, que todavÃa tienen sed de destrucción. Nuestros sueños son lo único que nos quedan, nuestro sueño de ver un suelo mejor, un suelo abundante y rico en su naturaleza, un suelo que cante y no que llore.
Nos queda la esperanza de encontrar agua y no sequÃa, vida y no muerte, la esperanza de ver un suelo cansado de abundancia y no cansado de contaminación.
Jonatan DÃaz- 3º1ª
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